Cuando estaba embarazada, me ayudó mucho leer historias de parto de otras mujeres. Cuando uno es mamá por primera vez, pensar en el parto es un mundo desconocido, del que muchas veces nuestras únicas ideas son lo que hemos visto en películas. El problema es que las películas están muy alejadas de la realidad y las imágenes siempre muestran dolor extremo y sufrimiento.

Mi intención era hacer lo posible para que con Diego viviéramos un parto respetado y natural, y quiero compartir mi historia para que otras mujeres se inspiren y confíen en que estamos hechas para parir (si es que nuestro entorno nos ayuda a mantener las condiciones necesarias).

Bueno, aquí les comparto mi historia:

Con 36 semanas de embarazo, empecé a sentir lo que después sabría con certeza que eran contracciones.  Eran muy suaves, como un dolor menstrual leve. Luego, al cumplir la semana 37 con 2 días, las contracciones se volvieron más intensas, me sentía cansada. Pero, como todavía me faltaban días o semanas para el parto, no me preocupé y seguí tranquila en mi casa, junto a Gabriel, mi marido.

Luego de unas horas, el dolor cambió, y además de sentir un leve dolor en el vientre, comencé a sentir algo muy similar en la parte baja de la espalda. Fue en ese momento que con Gabriel supimos que Diego había decidido nacer antes.

Fui al baño y me di cuenta que boté el tapón mucoso, así que llamamos a nuestra matrona, Yennifer (a quien amamos ♥). Y nos dijo que iba a ir a vernos a la casa (nosotros habíamos quedado de acuerdo en que estuviera con nosotros en la casa para el trabajo de parto) y ahí ver cómo iba todo.

Cuando llegó le comenté que no sabía si realmente estaba en trabajo de parto porque sentía dolores muy leves. Acordamos que me hiciera un tacto y me dijo que estaba dilatada en 4.

Ella se fue a otra pieza y nos quedamos solos con Gabriel, poniendo en práctica lo que sabíamos era mejor para el trabajo de parto, luces bajas, silencio, cariños… Nos aseguramos de poner en modo avión nuestros celulares y no le avisamos a nadie, sabíamos que era lo mejor, así nada ni nadie estaría apurándonos de ninguna forma.

Yo perdí la noción del tiempo, desde ese momento Gabriel comenzó a hacerse cargo de todo, me ayudaba y acompañaba y a lo lejos lo sentía hablar con Yennifer.

El dolor iba en aumento, así que me sugirieron ir a la tina. Cuando llegué al baño Gabriel ya tenía todo listo, me ayudaron a entrar a la tina con agua caliente, lo que fue un gran alivio para el dolor, pero iba en aumento y comencé a sentir que no lo iba a lograr, lloraba y les pedía que me llevaran a la clínica, quería anestesia. Gabriel me acompañaba en silencio y una de las pocas cosas que me dijo la matrona fue que este era el momento en que iba a sentir más dolor (cuando la dilatación estaba entre 6-8), que hasta ahí llegaba, que no iba a aumentar….eso me alivió y me calmó internamente.

Quise salir de la tina y fue difícil, las contracciones eran seguidas y me costaba levantarme para ir a la pieza. Cuando lo logré ya no quería los masajes en la parte baja de la espalda y los guateros que antes me aliviaban tanto, de hecho ahora me molestaban. Me vistieron y Gabriel comenzó a preparar todo para irnos a la clínica.

Por suerte los 2 estábamos alineados y teníamos súper presente todo lo que habíamos aprendido en el taller de parto de Mujer Alumbra. Gabriel me puso una parka, me pasó lentes de sol (eran cerca de las 3 am) para que no me molestaran las luces de la clínica y la calle, ya que sabíamos que para que el parto siguiera su curso la luz tenue era importante, así como también el no sentir frío.

Bajar las escaleras de mi casa fue intenso y cuando llegué al auto fue todo un logro. Por suerte Gabriel tenía el auto lleno de frazadas y almohadas, así que yo iba acostada y muy sumergida en mi mundo.

Luego llegamos a la clínica y caminé desde el estacionamiento hasta la sala de parto (Yennifer fue muy inteligente y no entramos por urgencia, ya que nos contó después que si entras por ahí te obligan a entrar en silla de ruedas y te hacen un tacto obligatorio!). Mi matrona ya tenía todo organizado para que la sala estuviera lista. Esa caminata fue difícil, pero ayudó a que Diego fuera descendiendo. Cuando llegué a la sala de parto hacía calor, y con la ayuda de Yennifer me desvestí e instintivamente encontré el lugar que me pareció  más cómodo. No sé cómo me subí en la camilla y me quedé ahí.

Yennifer me hizo nuevamente un tacto, porque yo sentía muuuuuchas ganas de pujar. A todo esto, nunca más me acordé de la anestesia jijiji :). Ya estaba completamente dilatada, estaba feliz. Gabriel estaba delante de mí, yo en la camilla boca abajo, pujando….ahí sentí como se rompió la bolsa, no podía parar de pujar. Yennifer me sugirió que me pusiera en una posición más vertical, para ayudar a que Diego bajara, así que me colgué del cuello de Gabriel….seguí pujando, salió la cabeza de Diego, escuché al obstetra decir que estaba con el cordón alrededor del cuello, pero que él ya lo había sacado. Recién ahí me di cuenta de que él había entrado a la sala. Me dijeron que siguiera pujando para que Diego pudiera salir….pujé con toooda mi fuerza y salió, lo sentí y me di vuelta, lo tomé, era pequeñito y lloraba y yo no podía parar de sonreír. Me recosté con él en mi pecho, ya estaba tranquilo, lloró muy poco; la matrona y el obstetra lo limpiaron un poco….esperamos a que el cordón parara de latir y lo cortamos, la placenta salió 10 minutos después….ya todo había terminado. Fue un trabajo en equipo. Desde que partieron las contracciones más intensas hasta que naciera Diego pasaron aproximadamente 8 horas. Llegamos a la clínica cerca de las 3 am y el nació cerca de las 4:45 am. Todas las horas son aproximadas porque ninguno de los presentes en el parto miró el reloj ;)

Estoy segura de que fue un parto tranquilo porque nos informamos y teníamos claro lo que teníamos que hacer para no interrumpir este proceso tan natural. Teníamos la convicción de que las mujeres estamos hechas para parir a nuestros hijos….y si bien estábamos abiertos a la posibilidad de que algo pasara, pusimos todo de nosotros para que Diego pudiese venir al mundo de la forma más amorosa posible.... y él colaboró para que eso fuese una realidad.