Una de las dudas más frecuentes con las que me encuentro en la consulta médica y en redes sociales tiene que ver con el colesterol. Muchas personas asustadas por no cumplir con un número específico, o tomando medicamentos solo con el objetivo de lograrlo, independiente de otros aspectos de su salud y estilo de vida. Es por esto que me gustaría aclarar por qué deberíamos mirar más allá de un número y dejar de temerle a una molécula cuya presencia en realidad tiene una gran importancia en nuestra salud. Solo debemos conocer bien en qué contexto biológico nos podemos exponer a una situación de riesgo y así, cómo podemos prevenirlo.

El Colesterol es una de las moléculas más importantes de nuestro organismo.
Puede obtenerse a partir de la alimentación, pero su mayor fuente es la síntesis de novo principalmente en el hígado.

Cuando nos tomamos un perfil lipídico los resultados que este arroja sobre el colesterol, se relacionan en su mayoría (aprox 70%) con la producción del organismo por necesidad fisiológica.

El Colesterol es el lípido más abundante en la membrana plasmática y además de su papel estructural, es el precursor de varias moléculas bioactivas importantes:
-Ácidos biliares
-Hormonas del eje sexual y de estrés
-La hormona esteroidal conocida como Vitamina D que posee múltiples funciones.

Además, otros intermediarios de la vía del colesterol también sirven como precursores de más de 23.000 moléculas biológicamente activas.

Siempre el colesterol ha sido parte de nosotros, por lo que el concepto no debería ser que mientras menos mejor, ya que puede promover patologías asociadas con su deficiencia. A su vez, existen condiciones y circunstancias específicas en las que la calidad de este se modifica y es ahí donde su disregulación puede producir problemas, como en la aterosclerosis.

La ateroesclerosis o formación de placas de colesterol en las arterias, generalmente es asociada con el LDL, pero en realidad este es un proceso bien complejo, ya que el LDL no existe solo en 1 presentación, sino que podemos encontrar partículas de LDL grandes y esponjosas, y partículas de LDL pequeñas y densas, y son estas últimas las que pueden ser potencialmente peligrosas, ya que pueden atravesar el revestimiento de arterias, oxidarse y causar inflamación, si el terreno biológico es propicio para ello.

Además, primero, es necesaria una señal de inflamación inicial en la pared de la arteria, la cual va a provocar la llegada de células como monocitos (macrófagos inmaduros) a recuperar esta pared y es esta señal de daño que el LDL de partícula pequeña y oxidado llega a la íntima a producir una placa de colesterol al ponerse en contacto con los macrófagos, formando las células espumosas (que van acumulando colesterol en su interior).

Entonces al solo enfocar nuestra atención en los niveles de colesterol total, o sólo en el perfil lipídico, nos estamos perdiendo de muchas posibilidades de prevención de enfermedad cardiovascular, ya que si empezamos previniendo inflamación y oxidación, estaremos abarcando mucho más terreno y trabajando de manera más integral.

¿Qué promueve la inflamación y estrés oxidativo?

-Nutrición deficiente, exceso de carbohidratos y procesados
-Ejercicio insuficiente
-Ejercicio muy intenso o en exceso
-Insuficientes horas de sueño
-Mal manejo del estrés, estrés  crónico
-Tabaquismo
-Exposición a toxinas, químicos como medicamentos, plásticos, cosméticos, contaminación, entre otros
-Capacidad antioxidante disminuida (la cual se afecta por todo lo anterior).

 

Espero que esto les haya aclarado más sobre este tema tan interesante que involucra nuestro estilo de vida completo y sientan que tengan más herramientas para tomar las riendas de su salud.

 

Paulina Vega Muñoz

Medicina Funcional, Biorreguladora y Ortomolecular.

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